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Batalla de Junín: Un episodio de la guerra de independencia que da nombre a la ciudad

La batalla duró tres cuartos de hora. Fue breve y silenciosa. No se disparó un solo tiro. “Una batalla sin humo” dirá un historiador. Se inició a las tres de la tarde del 6 de agosto de 1824 y antes de las cuatro el resultado estaba decidido. Los hombres de ambos bandos pelearon como valientes. Las armas fueron el sable, la bayoneta y la lanza. Se dice que todos eran temibles con ellas. El triunfo de Junín preparó el desenlace final de las guerras de la independencia: Ayacucho, cuatro meses después.
Para 1824 la guerra estaba muy lejos de haberse resuelto. La declaración de la independencia en julio de 1821 había sido importante pero por si sola no resolvía la cuestión militar. San Martín se había retirado de Perú y el jefe máximo de los patriotas se llamaba Simón Bolívar. Las tropas realistas en esos momentos duplicaban a las criollas. Fueron sus disensiones internas, las frecuentes deserciones de la tropa y la intuición o presentimiento de que la causa español estaba políticamente derrotada lo que facilitó la victoria final.
No obstante el escenario que se ofrecía para mediados de 1824 no autorizaba a ser demasiado optimista. La batalla de Junín se libró en el lugar que se conoce como la pampa de Junín, muy cerca del lago que lleva el mismo nombre. El lugar no está muy lejos de Lima y se extiende al noroeste del valle de Jauja. Según los geógrafos se levanta a cuatro mil metros sobre el nivel del mar.
Las tropas españolas estaba a cargo del general José de Canterac un bravo y decidido jefe realista que ya le había dado sus buenos dolores de cabeza a San Martín. Bolívar será el jefe de las tropas criollas. En sus filas cabalgan soldados y oficiales argentinos. También peruanos, colombianos y venezolanos. Se trataba de un ejército americano.
Los historiadores indagan acerca de las causas que permitieron que la batalla se desarrollara en absoluto silencio o, por lo menos, sin que se oyeran disparos. No hay una sola respuesta al interrogante, pero la más creíble es la que sostiene que las desinteligencias con la infantería de Sucre en las filas patriotas explican que quienes hayan entrado en combate sean las caballerías de ambos bandos.
Más allá de los datos históricos impresiona la imagen de dos ejércitos lanzados a la carga armados con lanzas y sables. Impresiona la ausencia d estampidos, el ruido acerado de las armas, el jadeo de los combatientes, tal vez los gritos de guerra, esos gritos que dan los soldados para intimidar al enemigo y darse coraje ellos mismos. Un cronista dirá que a la distancia lo que más impresionaba era el silencio. El silencio que hacía más patética la muerte, tal vez más sigilosa.
La batalla es verdad que fue breve, pero al mismo tiempo se me ocurre que debe haber sido eterna. Jorge Luis Borges plantea algunas hipótesis. Lo hace, entre otras, cosas porque el héroe de la jornada fue un bisabuelo suyo, el bravo coronel Manuel Isidoro Suárez inmortalizado en tres excelentes poemas que deberían leerse en las escuelas.
La victoria de Junín, las crónicas se la atribuyen a Bolívar. Una verdad a medias y para más de un historiador menos que una verdad a medias. Formalmente él dirigió a las tropas, pero la victoria se obtuvo gracias a un malentendido y una genial desobediencia. Si esto no hubiera ocurrido la suerte de las armas criollas habría sido la derrota. Bolívar no sólo no tuvo mucho que ver con la victoria sino que después se dedicó a intrigar contra los héroes de la batalla. Ciertos protagonismos el niño Simón no los perdonaba.
Se sabe que en un batalla, por lo menos en las batallas del siglo XIX, la elección del campo es tan decisiva como el posicionamiento de las tropas. Estas dos consideraciones parece que no fueron tenidas en cuenta por Bolívar. También se sabe que el despliegue de los soldados es importante. No hace falta ser Aníbal o Napoleón para admitir que las columnas deben desplegarse con amplitud, eludir las encerronas que a veces presenta la geografía. Nada de eso se le ocurrió hacer a Bolívar. Sus infantería estaba mal posicionada, y en el caso de Sucre directamente retrasada. la caballería patriota se encerró a si misma o por lo menos entorpeció sus propios movimientos al ubicarse en una zona pantanosa que dificultaba futuros despliegues.
El que inició la primera carga fue Mariano Necochea. Fue una carga frontal. Seis escuadrones de granaderos lo seguían. Fue un encontronazo duro y sangriento donde las fuerzas criollas no salieron bien paradas. Necochea, un oficial que entonces no tenía treinta años, recibió catorce heridas, fue derribado y tomado prisionero. La misma suerte corrió José Valentín de Olavarría.
Para ese momento la suerte de las armas criollas estaba echada. Bolívar ya se preparaba para escribir el parte de la derrota y sus principales oficiales se esforzaban por transformar la previsible desbandada en una retirada más o menos prolija. En esas circunstancias el azar, la inspiración, o la mezcla de las dos cosas, es el único auxilio que puede asistir a un ejército. El soplo de los dioses en este caso lo rozó al mayor Andrés Rázuri del escuadrón de Húsares. Y es en ese momento en que Isidoro Suárez ingresa por la puerta grande de la historia encabezando una carga de caballería demoledora que habrá de paralizar a los realistas y luego hacerlos huir en desbandada.
Las batallas de entonces tenían esas cosas. En pocos minutos una derrota segura se transforma en una victoria cierta. El balance de la batalla no puede ser más elocuente: más de 250 españoles muertos contra 45 criollos caídos en combate. Suárez no sólo que con su arrojo da vuelta una batalla sino que rescata a Necochea, muy mal herido pero aún con vida.
Como para tener una idea aproximada de cómo en esas batallas los soldados se jugaban la vida, recordemos que Necochea sufrió catorce heridas y no precisamente livianas. Según los informes tenía cuatro sablazos en la cabeza, dos en el brazo izquierdo motivo por el cual debieron amputárselo, dos sablazos en el brazo derecho que le habrán de ocasionar la pérdida de tres dedos, dos heridas en la pierna derecha y dos sablazos en las costillas uno de los cuales le había perforado el pulmón.
A Necochea no le había llegado la hora. Va a morir veinticinco años después habiéndose dado el lujo de participar en esa otra gran batalla nacional que fue la de Ituzaingó. Como Cervantes, podía decir que estaba orgulloso de haber perdido el brazo en la jornada mas gloriosa que no verán estos tiempos ni los venideros. Para no irnos tan lejos, Necochea integrará junto con Paz -su compañero de batalla en Sipe Sipe- la pareja de mancos célebres de nuestra historia. Como se podrá apreciar, la historia argentina también ha tenido sus grandes mancos, me refiero, creo que es innecesario aclararlo a quienes perdieron el brazo en las guerras de la independencia, no a otros que sufrieron desgracias parecidas pero no en batallas donde se jugaba la independencia de la patria.
El otro héroe del Junín, es Olavarría. También se trata de un guerrero de la independencia que peleó al lado de San martín en Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú. Cuatro meses después, el 9 de diciembre de 1824, Olavarría participará en la batalla de Ayacucho, la última gesta patria contra la dominación realista.
Pero los grandes laureles de la jornada se los lleva el bravo coronel Isidoro Suárez. Sobre él las mejores páginas las ha escrito su bisnieto, Jorge Luis Borges. “Página para recordar al general Suárez vencedor de Junín” es un poema bellísimo donde Borges identifica a Junín con la patria, con el símbolo de todas las gestas nobles que hicieron la patria: ” Junín son dos civiles que en una esquina insultan a un tirano”, concluye. Para los curiosos o indiscretos que quieren saber de qué habla Jorge Luis, les recuerdo que el poema está escrito en 1953.
No sólo Borges habla de Junín. También habla de los héroes de esa batalla una letra de tango firmada por Enrique Cadícamo. Con pudor, el tango “Tres amigos” dice en uno de sus versos. ” …los espero en la esquina de Suárez y Necochea”.
(Extraído de Rogelio ALaniz, periodismo y opinión. Ver http://www.rogelioalaniz.com.ar/?p=1072)

La batalla de Junín fue uno de los últimos enfrentamientos que sostuvieron los ejércitos realistas e independentistas en el proceso de la independencia del Perú el 6 de agosto de 1824. Su resultado fue la victoria de los independentistas.

Simón Bolívar, Libertador y Presidente de la Gran Colombia continuó la guerra de emancipación del Perú. En el año 1824 los realistas se sostenían aún en la sierra central y el Alto Perú. Bolívar tenía en su ejército más de 8.000 hombres, equivalente en número al realista, pero las fuerzas realistas estaban dispersas entre el valle del Mantaro y Alto Perú. Esto fue debido a la sublevación en el Alto Perú del general realista Olañeta que fracturó la defensa del virreynato, y obligó al virrey a mandar sobre el Alto Perú parte importante de sus ejércitos al mando de Jerónimo Valdés, unos 5.000 regulares que tenían su base en Puno.
Bolívar, conocedor de esta ventaja aprovechó la oportunidad, y en junio de 1824 enfiló su ejército hacia la sierra central del Perú para aislar a las solitarias fuerzas realistas del general José de Canterac, situadas en el norte.

El Escenario
Mapa de la batalla
La batalla se desarrolló en la pampa de Junín o Meseta de Bombón, situada en el centro del Perú en el actual departamento de Junín a orillas del lago llamado Junín o Chinchaycocha que está situado a 4000 msnm. La planicie está ubicada en la región natural de la puna o altoandina, entre los distritos de Junín, Ondores y Carhuamayo de la región Junín y el distrito de Ninacaca de la región Pasco.

La batalla
El 2 de agosto Simón Bolívar pasó revista a su ejército, compuesto por 7.900 soldados de infantería y 1.000 de caballería, en el llano de Rancas, dirigiéndole estas elocuentes palabras:
¡Soldados! Vais a completar la obra más grande que el cielo ha encomendado a los hombres: la de salvar un mundo entero de la esclavitud.
¡Soldados! Los enemigos que vais a destruir se jactan de catorce años de triunfos. Ellos, pues serán dignos de medir sus armas con las vuestras que han brillado en mil combates.
¡Soldados! El Perú y la América toda aguardan de vosotros la paz, hija de la victoria, y aún la Europa liberal os contempla con encanto porque la libertad del Nuevo Mundo es la esperanza del Universo. ¿La burlaréis? No. No. Vosotros sois invencibles.
El 6 de agosto el ejército de Canterac, formado por 2.700 infantes y 1.300 jinetes, marchaba apresuradamente alrededor del lago Junín tratando de evitar el combate con Bolívar. Esa tarde el Ejército Unido había cruzado el río Grande a la altura de Rumichaca, al llegar a una elevación pudieron observar al ejército realista en retirada acercándose a la llanura de Junín.
Sin perder tiempo, Bolívar ordenó a 900 jinetes de su caballería intentar detener a los realistas mientras la infantería los alcanzaba. Viendo esto, Canterac ordenó a su infantería continuar la marcha y poniéndose el mismo a la cabeza de sus hombres atacó a la caballería enemiga.
El terreno era difícil, la caballería destacada por Bolívar marchaba en columnas por un espacio angosto entre un cerro y un pantano.
El mando general de toda ella lo ejercía el general Mariano Necochea, el de la caballería colombiana el coronel Lucas Carvajal y el de la peruana el general Guillermo Miller.
Encabezando la formación iba el regimiento de Granaderos de Colombia comandado por Felipe Braun, seguido por el escuadrón de Granaderos de los Andes al mando de Alejo Bruix, el regimiento de Húsares del Perú del coronel Antonio Placencia, y el regimiento de Húsares de Colombia del coronel Laurencio Silva. La caballería independentista salió del trecho por el que venía y comenzó a formarse en la pampa pero antes de que todas sus unidades hubiesen salido a campo abierto fue cargada por la caballería realista.
Durante el primer choque el general Braun con los Granaderos de Colombia logró abrirse paso hasta quedar a la retaguardia de la izquierda de Canterac, mientras que en el centro y la izquierda patriota los realistas obtenían ventaja pues el general Necochea era herido, desmontado y hecho prisionero mientras el resto de la caballería independentista con Miller y Carvajal se retiraba perseguida por los realistas.
A diferencia del ejército real que no había dejado ninguna unidad montada de reserva, en la caballería independentista aún quedaba sin tomar parte de las acciones el primer escuadrón de húsares peruanos al mando del comandante Isidoro Suárez, a quien el mayor José Andrés Rázuri comunicó una falsa orden de cargar a la caballería realista que galopaba en persecución de los patriotas.
Ordenada y dirigida la carga por Suarez los realistas fueron tomados completamente desorganizados, momento en el cual el grueso de la caballería patriota volvió grupas para regresar al ataque, distinguiéndose en esta parte de la batalla el coronel Silva quien rapidamente reorganizó a los húsares colombianos e impidió que los jinetes realistas lograran envolverlo.
Ya los independientes habían sido arrollados; a pesar de su arrojo y decisión no habían podido resistir al terrible impulso de la caballería de los realistas; ya estos empezaban a entonar el himno de la victoria cuando dos escuadrones enemigos que estaban a retaguardia al mando del teniente coronel Suarez, se lanzaron sobre los vencedores que se hallaban asimismo en el mayor desorden y confusión mezclados con los vencidos. Reunidos estos con aquella masa de bronce que se hallaba en perfecta formación, cayeron de nuevo sobre los diseminados realistas, los acuchillaron horrorosamente, los obligaron a ponerse en pronta retirada, y les arrebataron el campo de batalla.
Arrojados los realistas a la llanura y dispersados en varios grupos aislados fueron derrotados tras un encarnizado combate librado solamente con armas blancas (sables y lanzas), sin que se registrase durante la acción disparo alguno. Bolívar había mandado llamar a varias compañías de infantería, pero para cuando llegaron la lucha había concluido.
Los jinetes de Canterac fueron perseguidos hasta las filas mismas de su infantería, donde desoyendo las opiniones de algunos de sus oficiales que sugerían reagruparse y volver al ataque el general Canterac ordenó continuar la retirada con tal celeridad que en los veteranos batallones españoles se introdujo el más sensible desaliento.
El entonces brigadier Andrés García Camba diría años más tarde que en Junín la brillante y engreida caballería del ejército real perdió todo el favorable prestigio y la ventajosa reputación que había sabido adquirirse en las gloriosas campañas anteriores.
El Ejército Unido obtuvo una importante victoria. El resultado de esta batalla fue de 254 muertos y heridos y 80 prisioneros para el bando realista y de 148 soldados muertos y heridos (145 según el parte oficial) para el bando independentista y que según parte del general Andrés de Santa Cruz, Jefe del Estado Mayor del Ejército Unido, se encontraban divididos de la siguiente manera:
Granaderos de Colombia: 13 muertos y 26 heridos.
Idem de los Andes: 8 muertos y 17 heridos.
Húsares de Colombia: 2 muertos y 9 heridos.
Primer Regimiento del Perú: 21 muertos y 46 heridos.
Muerto un oficial edecán del general Miller.
Total 45 muertos y 99 heridos.
En reconocimiento a la brillante acción de la caballería peruana, que tuvo el 46.5% de las bajas totales, el general Bolívar le cambió el nombre de Húsares del Perú por el de Húsares de Junín.
Todo el enfrentamiento duró aproximadamente cuarenta y cinco minutos a una altura de 4.100 metros sobre el nivel del mar. El triunfo en la Pampa de Junín haría renacer la moral entre el ejército unido.

Cita del parte oficial de la batalla del Gral Sucre destacando algunos oficiales


Escudo honorífico otorgado a los oficiales que participaron en la Campaña de Perú en 1823-24.S. E. el Libertador, testigo del valor heróico de los bravos que se distinguieron en el dia de ayer, recomienda á la admiracion de la América al señor General Necochea, que se arrojó á las filas enemigas con una impetuosidad heróica, hasta recibir siete heridas, al señor General Miller, que con el primer regimiento del Perú flanqueó al enemigo con mucha habilidad y denuedo: al señor Coronel Carvajal, que con su lanza dio muerte á muchos enemigos: al señor Coronel Silva, que en medio de la confusion del combate rehizo parte de su cuerpo, que estaba en desórden, y rechazó los escuadrones que lo envolvían: al señor Coronel Bruix, que con el Capitán Pringles, algunos oficiales y Granaderos de los Andes, se mantuvo firme en medio de los peligros: al Comandante del primer escuadron del regimiento de caballería de línea del Perú, Suárez, que condujo su cuerpo con la destreza y resolucion que honrarán siempre á los bravos del Perú: al Comandante Sowersby, del segundo escuadron, que gravemente enfermo, se arrojó á las lanzas enemigas hasta recibir una herida: al comandante Blanco, del tercer escuadron: al Mayor Olavarría y al Capitán Allende, del primer escuadron del mismo regimiento: al bravo Comandante Medina, Edecan de S. E.: al Capitán Camacaro, de Húsares de Colombia, que con su compañía tomó la espalda de los escuadrones enemigos y les cortó el vuelo de su instantáneo triunfo: á los Capitanes Escobar y Sandoval, de Granaderos; y á los Capitanes Jiménez y Peraza, de Húsares de Colombia: á los Tenientes Segovia y Tapia, y Alférez Lanza, que con el Mayor Braun persiguieron los escuadrones enemigos hasta su infantería.

Proclama de Simón Bolívar a los peruanos
Primera parte de la proclama de Bolívar a los peruanos:
! Peruanos! La campaña que debe completar vuestra libertad ha empezado bajo los auspicios más favorables.El ejército del general Canterac ha recibido en Junín un golpe mortal, habiendo perdido, por consecuencia de este suceso, un tercio de sus fuerzas y toda su moral. Los españoles huyen despavoridos abandonando las más fértiles provincias, mientras el general Olañeta ocupa el Alto Perú con un ejercito verdaderamente patriota y protector de la libertad.
¡Peruanos! Bien pronto visitaremos la cuna del Imperio peruano y el templo del Sol. El Cuzco tendrá en el primer día de su libertad más placer y más gloria que bajo el dorado reino de sus Incas."
Cuartel General del Ejército Unido de Huancayo, 13 de agosto de 1824.

Información adicional

El general Necochea, que había caido prisionero, fue rescatado por los patriotas, sin embargo la gravedad de sus heridas le impidieron participar de la batalla de Ayacucho.
Entre los muertos en el ejército patriota estuvo el comandante Carlos Sowersby del segundo escuadrón de húsares, oficial alemán de la Grande Armée de Napoleón, veterano de la batalla de Borodino en Rusia, que falleció pocos días después a causa de sus heridas.
En la actualidad el regimiento Húsares de Junín, del Ejército del Perú, constituye la escolta del Presidente de la República.
Luego de la batalla, el general José de La Mar, jefe de la división peruana, mandó llamar al mayor José Andrés Rázuri y tras amonestarle duramente por su indisciplina le dijo: "Debería usted ser fusilado, pero a usted se le debe la victoria".
Refiere el general Miller en sus memorias que por la altitud de la llanura de Junín, el frio fue tan intenso durante la noche del combate casi todos los heridos de ambos bandos perecieron.

El acto en Perú:

Presidente de la República de Perú,
Ollanta Humala Tasso, encabezó la
 conmemoración por el
188° Aniversario de
 la Batalla de Junín,
en la región Junín, Perú

El presidente de la República del Perú, Ollanta Humala Tasso, llegó hasta las Pampas de Junín para participar en la ceremonia por los 188 años de la Batalla de Junín.
Humala llegó a bordo de un helicóptero junto al ministro de Defensa, Pedro Cateriano, y algunos funcionarios y altos mandos del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea. Asimismo, también el embajador de Venezuela, Alexander Yánez Deleuze.
La ceremonia se desarrolló en el Obelisco de Chacamarca con la presencia de las principales autoridades de la región Junín.
El presidente de la República, Ollanta Humala, afirmó hoy que no ha cambiado desde que llegó a Palacio de Gobierno y le prometió a la población de Junín cumplir lo que ofreció durante campaña. El nacionalista también hizo referencia al proyecto de Ley de Reforma Magisterial y aseguró que la educación va más allá de mejorar las condiciones de los docentes.
“Trabajaremos como lo ofrecí en campaña cuando venía por aquí (Junín) a transitar y conversar con ustedes. No ha cambiado en Ollanta Humala ni un ápice su condición de presidente de la República para dejar de hablar con ustedes. Trabajaré de la mano con ustedes, porque soy el primer servidor de la Nación”, manifestó.
Humala Tasso, además, sostuvo que la “educación es fundamental”, por lo que “hoy hemos trazado la tarea de hacer una reforma de la educación, dentro del plan que ofrecí y que constituye un paso para la revolución educativa”.
“El cambio en la educación no solamente es para resolver el problema de los maestros, con el cual estamos comprometidos para unificarlos, darles un sueldo digno y darles un carrera que les permita aspirar a seguir avanzando sino también para poner disciplina y evitar los excesos”, dijo.
“La educación es más que los maestros, la educación es nuestros hijos y tenemos que velar para que nuestros hijos tengan valores y eso no solo se genera en el colegio sino en la familia”, agregó.
LA BATALLA DE JUNÍN
El jefe de Estado consideró que su Gobierno “toma la posta” de trabajar por la libertad, de los padres de la patria que dieron su vida en la batalla de Junín, pero también por la igualdad y la inclusión social.

Durante la ceremonia por el 188° Aniversario de la batalla de Junín, brindó homenaje al libertador Simón Bolívar así como a los miles de peruanos y sudamericanos que ofrendaron su vida por la independencia del Perú y del continente.
“Tomamos la posta de trabajar por la libertad, pero le incluimos la igualdad y la inclusión, y la unión sudamericana de naciones. Ese compromiso lo llevamos en el corazón el pueblo peruano y desde aquí le decimos muchas gracias por habernos dado una oportunidad de llamarnos república”, acotó.
    (Fuente: diario El Comercio, de Perú)


















    1 comentario:

    1. Mariano Necochea no combatió en Ituzaingó. Si lo hizo grandiosamente Olabarría cargando el ala derecha imperial con el 16 de Caballería (LANCEROS) acompañado de La Escolta del comandante "Escuadron de Coraceros" con su comandante a la cabeza ,el "legendatio oriental" Don Anacleto Medina. "MANIOBRANDO COMO EN UN DIA DE PARADA" ,dispersaron lla caballería del Varon de cerro Largo, obligaron la retirada de la 4ta Brigada de Caballería Imperial (Tomás Da Silva) y partiendo por el medio el dispositivo enemigo penetraron hasta sus retaguardia apoderándose de sus Parques y bagajes. En la derecha enemiga Don Juan Galo de Lavalle detrozo la famosa Brigada de Bentos Goncalves . ..

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